Alemania y Francia buscan métodos radicales de asegurar una integración fiscal más rápida y profunda entre los países de la zona euro, conscientes de que podría no ser posible lograr un amplio apoyo para el tratado que buscan.
En principio, el plan original de Alemania era intentar asegurar un acuerdo entre los 27 países de la Unión Europea respecto a un cambio limitado al Tratado de Lisboa para finales de 2012, posibilitando la imposición de controles presupuestarios mucho más estrictos sobre los 17 países de la zona euro, una forma de apuntalar las defensas regionales contra la crisis de deuda.
Pero en reuniones con líderes de la UE en las últimas semanas, ha quedado claro tanto para la canciller alemana, Angela Merkel, como el presidente francés, Nicolas Sarkozy, que podría no ser posible contar el apoyo de los 27 países, indicaron fuentes de la UE.
Incluso si fuese posible, podría llevar un año o más finalmente asegurar los cambios, mientras los mercados continúan su ataque sobreItalia, España y ahora Francia, sugiriendo que dentro de poco tiempo se necesitarán medidas más eficaces.
En consecuencia, franceses y alemanes están pensando en firmar otro acuerdo fuera del tratado de la UE que podría incluir de 8 a 10 países de la UE.
El objetivo primordial de dicho tratado es el de una zona euro más integrada fiscalmente y posiblemente menor.
“Los alemanes se hicieron la idea. Quieren cambios en el tratado y están haciendo lo que pueden para lograrlo lo más rápido posible”, dijo a Reuters un alto cargo de la UE involucrado en las negociaciones.
Dos caminos
Aunque Alemania y Francia están convencidos de que avanzar hacia la unión fiscal, que podría allanar el camino para la emisión conjunta de bonos de la zona euro y podría darle más espacio al Banco Central Europeo para actuar con fuerza, es la única forma de adelantarse a la crisis de deuda, otros países no desean o no pueden avanzar tan rápido hacia esa meta.
No sólo Grecia, Irlanda y Portugal, que reciben ayuda de la UE y el FMI, sino también Italia y España junto a algunos países del este europeo, como Eslovaquia, que tendrían dificultades bajo sus actuales condiciones económicas para cumplir con las restricciones presupuestarias que Alemania desea, o simplemente no están de acuerdo con el objetivo.
En consecuencia, los negociadores franceses y alemanes están buscando al menos dos modelos de una integración acelerada entre un limitado número de países de la zona euro, con la posibilidad de vincular ese acuerdo al tratado de la UE a largo plazo.
Uno de los modelos está basado en la Convención de Pruem de 2005, también conocido como Schengen III, un tratado firmado entre 7 países fuera del pacto de la UE pero que fue abierto a todos los Estados miembros y más tarde alcanzó a otras cinco naciones del bloque, además de Noruega.
Otra alternativa sería contar con un acuerdo reducido entreAlemania y Francia que tome una línea similar al tratado Elíseo de 1963 al cual podrían ingresar otras naciones de la zona euro que lo necesiten, señalaron funcionarios.
La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, están planeando presentar un paquete con medidas drásticas, entre las cuales, habría un nuevo Pacto de Estabilidad, en pos de luchar contra la crisis de la deuda soberana que sacude la zona euro.
Los diarios de españa aseguran que tanto Alemania como Francia están listos para recabar el apoyo de varios países para la implementación de una disciplina presupuestaria más severa.
Fuentes del Gobierno alemán sostienen que el plan de lucha contra la crisis podría ser anunciado por ambos mandatarios europeos la próxima semana.
Asimismo, los países de la eurozona podrían evitar los largos plazos necesarios para la reforma de los tratados de la UE mediante un acuerdo entre dichos países para conformar un nuevo Pacto de Estabilidad, el cual entraría en vigor a comienzos del próximo año.
Tal tratado podría resultar similar al Acuerdo de Schengen que exime de controles fronterizos a los ciudadanos de dichos países.
En este caso, los países incluidos en el Pacto de Estabilidad tendrían que acatar las normas de control del déficit y del presupuesto nacional.
El euro fue diseñado para unir a las naciones europeas para el comercio y con fines políticos. Nació en medio de la agitación política y económica como Alemania se dirigió hacia la reunificación - luego de la caída del Muro de Berlín en 1989 – y el comunismo se desintegró en el este de Europa.
El Tratado de la Unión Europea, más bien conocido como el Tratado de Maastricht, firmado en la ciudad holandesa de Maastricht el 7 de febrero de 1992, antes de entrar en vigor en 1993.
Miembros de la Eurozona, encabezados por Alemania, se ven obligados a rescatar a las economías más débiles en una crisis financiera que amenaza a toda la existencia del bloque.
El euro fue creado en medio de economías sumamente dispares, por lo cual ha sido siempre una tarea difícil el hecho de crear una moneda única.
La política monetaria del bloque iba a ser controlado por el Banco Central Europeo, que tenía un mandato de los tipos de interés y control de la inflación alrededor del 2% o menos. Sin embargo, cada país debería mantener su propia política fiscal, los presupuestos y los bancos y emitir sus propios bonos – con precios que varían en función de los inversionistas los riesgos asociados con cada país.
La situación del euro hoy
La Comisión Europea pronostica que España no cumplirá el objetivo de déficit impuesto por Bruselas.
Los analistas daban por hecho que esto iba a suceder y el impacto de la noticia queda reducido ante la expectativa de un inminente cambio de Gobierno tras el 20 de noviembre del corriente año.
En otro plano, España seguramente se vería sometida a una presión como la que ha forzado un cambio de Gobierno en Grecia y finalmente también en Italia.
En medio de esta situación se suceden todo tipo de rumores sobre la expulsión de algunos miembros del euro, o sobre el euro a dos velocidades. La canciller alemana desmiente que tal cosa esté en sus planes, pero lo que es evidente es que la crisis ha puesto todo el peso del Gobierno de la Unión en manos de un pequeño directorio liderado por Merkel, y que ese directorio exige reformas inmediatas.
Son reformas comprensibles, que tratan de asegurar la viabilidad del euro frente a Gobiernos irresponsables cuyas políticas amenazan a los demás socios.
Sin embargo, la actual gestión de la crisis amenaza con provocar una desafección generalizada hacia el proyecto europeo.
¿Qué pasará con el euro?
Estos meses recientes se han puesto al descubierto muchas carencias en Europa, y eso podría ofrecer una buena ocasión para repensar la Unión Europea, que debe ser mucho más que una moneda única.
Por la vía actual existe el riesgo de salvar a corto plazo el euro, pero a costa de terminar con el sueño europeo. La solución de esta crisis puede tirar por la borda los sueños de cada uno de los estados de la Unión Europea. ¿Podrán los países europeos continuar con el euro y por ende con su sueño? ¿Podrán dichos países darle una salida a este dilema?
La canciller alemana, Angela Merkel, ha afirmado que nunca habrá una ruptura de la Eurozona.
Algunos bancos ya parecen no estar tan seguros, sino todo lo opuesto. En especial después de que esta semana la crisis de las deudas soberanas amenazó con llegar también a Alemania, cuando los inversores comenzaron a cuestionar la solidez de ese país como pilar fundamental de la estabilidad europea.
Mientras los líderes europeos aún dicen que no hay necesidad de diseñar un Plan B, algunos de los principales bancos del mundo y sus supervisores están haciendo exactamente eso. “No podemos, ni vamos a ser indulgentes en este sentido”, dijo Andrew Bailey, regulador de la Autoridad de Servicios Financieros de Gran Bretaña. “No debemos ignorar la perspectiva de una salida desordenada de la eurozona de algunos de sus miembros”, advirtió.
Recientemente, algunos bancos como Merrill Lynch, Barclays Capital y Nomura emitieron una lluvia de informes que analizan la probabilidad de una ruptura de la eurozona. “La crisis de deuda entró en una fase mucho más peligrosa”, escribieron analistas de Nomura. A menos que el Banco Central Europeo (BCE) dé un paso al frente para hacer lo que los políticos no logran, “a estas alturas, una ruptura del euro dejó de ser posible para ser probable”, señaló el banco.
Las principales instituciones financieras británicas, como el Royal Bank of Scotland, ya tienen sus planes de contingencia para el caso de que lo inimaginable se haga realidad.
Funcionarios de organismos reguladores de Estados Unidos presionan a bancos norteamericanos, como el Citigroup, para que reduzcan su exposición a la eurozona.
Pero las instituciones de los países grandes de la eurozona que se contagiaron de la crisis no parecen compartir la misma preocupación.
Los bancos de Italia y Francia no están elaborando planes de contingencia, por la sencilla razón, dicen los banqueros, de que concluyeron que la ruptura de la eurozona es imposible.
Aunque bancos como BNP Paribas, Société Générale, UniCredit se deshicieron demillones de euros en bonos europeos, la idea es que no hay motivos para hacer más que eso. “Mientras que en Washington prevalece la idea de que Europa puede quebrarse, aquí creemos que Europa debe seguir siendo como es -dijo un banquero francés-. Nadie cree que haya necesidad de un plan B.”
La semana pasada, los líderes europeos aseguraron estar más comprometidos que nunca con la supervivencia del euro, en especial con las elecciones presidenciales en Francia en el 2012 y Alemania en el 2013 . Merkel dijo estar dispuesta a redoblar sus esfuerzos para empujar a la Unión Europea (UE) hacia una mayor integración política y fiscal.
Esa tarea parece ser un poco más fácil ahora que la crisis se cargó a los líderes de los países más afectados por la crisis, como Italia y España. Pero sigue siendo una lucha y la semana pasada Merkel continuó con su oposición a la emisión de eurobonos con respaldo de la eurozona.
El euro, creado hace más de una década, abrió paso a años de prosperidad para sus miembros, en especial para Alemania, mientras las tasas de interés descendían y el dinero abundaba sobre la región. Hasta que hace tres años la quiebra de Lehman sembró el caos en los mercados de crédito globales. Y la crisis financiera revivió cuando Grecia quedó al borde del default.
La creación de la eurozona implicó una serie de contratos y de activos entre países, pero ninguno que previera la posibilidad de que un miembro abandonara el euro.
Merrill Lynch fue el último en emitir un informe que analiza lo que sucedería si tuviesen que volver a sus antiguas monedas. Si España, Italia, Portugal y Francia debiesen hoy reimprimir sus viejas monedas, seguramente se depreciarían frente al dólar y quedaría al descubierto la debilidad de sus economías.
Un administrador de fondos brasileño hizo un gesto de fastidio. Más que nada, hastiado del llamativo consumo de los nuevos ricos de Brasil. En una reciente fiesta de casamiento en las afueras de San Pablo, él fue uno de los pocos invitados que llegó en auto; el resto lo había hecho en helicóptero.
Todo está relacionado con las materias primas, aseguró. Sin China, nada de esto estaría sucediendo.
El ejecutivo apenas exageraba. Gran parte de la prosperidad de América del Sur de la última década se debe al boom de los precios de los commodities generado por China.
En Bogotá, Brasilia y Buenos Aires, la crisis de deuda de la eurozona es apenas un número secundario del show. El total de préstamos europeos equivalen a cerca del 15% del Producto Bruto Interno (PBI) latinoamericano, un nivel significativo pero manejable.
Europa mientras tanto representa sólo 11% del comercio de la región. Si los funcionarios brasileños ocasionalmente reprenden a sus pares de la eurozona por las políticas que se toman en esa región es porque pueden darse el lujo de hacerlo.
El show que importa es China y no la eurozona. En realidad, el crecimiento chino impacta igual o más en las economías sudamericanas que en todo el resto del mundo, calcula JPMorgan, el banco de inversión. Es por eso que para Sudamérica el mayor problema surgiría de una desaceleración de la economía china, y no de un derrumbe de la eurozona.
Los efectos son potencialmente serios. Si China crece menos, caerán los precios de las materias primas, que representan la mitad de las exportaciones latinoamericanas. Los déficits de la cuenta corriente se ampliarán. La política fiscal también tendrá que ajustarse: los ingresos relacionados con los commodities representan una cuarta parte del presupuesto de Chile y México.
Los sustanciales flujos financieros chinos que ingresan a la región también se verían afectados. La inversión extranjera directa en América del Sur ya es superior a la de Estados Unidos y Europa juntas. Las compañías estatales chinas también otorgaron préstamos multimillonarios en dólares a países como Venezuela y Ecuador, que tienen problemas para acceder a los mercados financieros.
Si desapareciera esta generosidad, sin duda se terminarían algunas de las extravagancias sudamericanas de los últimos años, como la proyección panamericana que hizo el presidente Hugo Chavez de su revolución bolivariana. Y, en términos más generales, la inversión extranjera ya no llegará tan fácilmente al sector de recursos naturales. Por el contrario, dependerá de las reformas estructurales y de la solidez de las instituciones y gobiernos.
Por lo tanto, una desaceleración provocada por China separaría el trigo de los reformistas más dinámicos de Sudamérica (lo que significaría Brasil, Chile, Colombia y Perú) de la paja de sus rezagados heterodoxos (Argentina, Venezuela y Ecuador). También revelaría qué proporción del reciente desempeño de Sudamérica se debe a sus propios esfuerzos y qué, por lo tanto, podría mantenerse.
Algunos de los cambios de los últimos 20 años han sido estructurales, y por lo tanto probablemente sean permanentes. La democracia y la estabilidad macroeconómica también están arraigadas en gran parte de la región: mantener la baja inflación ya no es la única preocupación de los fríos tecnócratas sino una meta que le hace ganar votos a los políticos. Disminuyó la desigualdad, lo que es alentador.
Estamos más pendientes de lo que sucede en Asia, que en Europa, aseguró Frank de Lima, ministro de Economía de Panamá. El hastiado administrador de fondos brasileño coincidiría con esa visión.
LA UNIÓN EUROPEA PODRÁ PLANTEAR CAMBIOS A LOS PRESUPUESTOS NACIONALES
La Comisión Europea ha propuesto que la Unión Europea pueda forzar a los países en crisis a pedir asistencia financiera con el objetivo de evitar un agravamiento de la situación y un aumento de los costes del rescate.
Cuando se considere que la situación financiera de un país pone en riesgo al conjunto de la eurozona, las nuevas reglas permitirán a Bruselas aconsejar al Estado en cuestión que pida asistencia financiera.
Aunque se trate sólo de una recomendación, en la práctica la reacción de los mercados obligará al país a buscar ayuda en esos casos.
El comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, ha explicado en rueda de prensa que la experiencia de Grecia, Portugal e Irlanda demuestra que “un Estado miembro normalmente quiere evitar un programa (de rescate) hasta el último momento”.
“Esto ha provocado que la situación empeore significativamente entretanto para el país afectado y para el conjunto de la eurozona, y ha aumentado los costes para otros Estados miembros e incrementado las necesidades de financiación también”, ha resaltado Rehn.
Las nuevas reglas, que deben ser aprobadas por los Gobiernos y la Eurocámara, permitirán que la Unión Europea plantee cambios a los presupuestos de los países con déficit excesivo cuando detecte desviaciones en los objetivos de ajuste fiscal.
En todo caso, la última palabra para aprobar las cuentas públicas la seguirán teniendo los parlamentos nacionales porque lo contrario exigiría una reforma del Tratado. “Con las nuevas reglas, los presupuestos nacionales los prepararán por supuesto los Gobiernos y los votarán los parlamentos nacionales”, ha dicho el presidente del Ejecutivo comunitario, José Manuel Durao Barroso, en rueda de prensa.
No obstante, Alemania, Países Bajos o Finlandia ya han pedido ir mucho más lejos y realizar un cambio en los Tratados para que la Unión Europea pueda intervenir directamente en los presupuestos nacionales de los países incumplidores, que perderían así el control de sus cuentas públicas.
La legislación permitirá a la Comisión y al Consejo examinar los borradores de los presupuestos nacionales ex-ante y adoptar una opinión sobre ellos antes de que sean aprobados por los parlamentos nacionales.
Si un país presenta un presupuesto que no es compatible con las reglas comunes, la Unión Europea podrá pedir una segunda lectura del Parlamento y también enmiendas a lo largo del ejercicio si se detectan desviaciones respecto a los objetivos. Los países con más problemas quedarán sometidos a una vigilancia reforzada de Bruselas.
En la actualidad, este tipo de supervisión sólo se usa con los países rescatados: es el caso de Grecia, Portugal e Irlanda. Anticipando la entrada en vigor de la nueva legislación, Italia ha aceptado ya someterse a la vigilancia de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional (FMI), aunque no está recibiendo asistencia financiera.
La norma exige además que todos los países introduzcan, preferentemente en su Constitución como ha hecho España, límites al déficit y a la deuda. Además, obliga a basar los presupuestos en previsiones económicas elaboradas por entidades independientes.
Según algunos economistas, una moneda única no le permite a la Unión Europea aislarse de los mercados mundiales; pero sí crear un poder económico capaz de negociar en términos de igualdad con los Estados Unidos. Si todos los actuales miembros de la UE se integran de manera definitiva al proyecto (ahora mismo sólo hay doce de quince), la zona del euro o “Eurolandia” será la más vasta economía del mundo.
El euro tendrá entonces la capacidad de disputar al dólar estadounidense el sitio de la divisa dominante. Si el euro se establece en el futuro como una moneda confiable, un colapso del dólar (por otra parte no deseable) se vuelve más que una probabilidad. Si sigue adelante, el euro traerá el tiempo en el que Estados Unidos ya no será capaz de prosperar como el deudor más grande del mundo. Con el tiempo, quizá bastante rápido, seguirá de modo inexorable un cambio en el equilibrio del poder económico mundial.
Es cierto, no obstante, que aún no están puestas las condiciones internas para el éxito de la nueva divisa. Bajo un régimen de tasa de interés única, algunos países y regiones languidecerán mientras otros prosperan. En la Unión Europea no existen las condiciones que han permitido a los Estados Unidos adaptarse a estas divergencias. En el presente, Europa carece de una movilidad laboral extendida en el continente y no tiene mecanismos fiscales para evitar los grandes charcos de desempleo que empapan las regiones deprimidas de Europa.
Con el euro en operación, empero, las instituciones europeas estarán obligadas a remediar estas fallas. Se verán forzadas a desarrollar políticas que le permitan a la economía responder, de un modo más flexible, a los imperativos y constreñimientos de un régimen de moneda única.
Debe tenerse en cuenta que la moneda única no puede aislar a Europa de las presiones competitivas -cada vez más intensas- que surgen de procesos globalizadores que vienen de siglos. Probablemente, mucho tiempo después de que el laissez faire global haya pasado a la historia, Europatodavía necesitará encontrar su sitio en un mundo alterado, de modo irreversible, por la industrialización.
La moneda única tampoco puede proteger a Europa de las consecuencias del colapso económico en los países vecinos. Si Rusia se hunde en el caos después del colapso del rublo, puede que no sea inmanejable el impacto económico directo sobre los países de la Unión Europea. El impacto político y social sería considerable. ¿
La moneda única será de poca ayuda para Europa al ocuparse de semejantes problemas. Pero le da una poderosa ventaja a la Unión Europea para responder a la crisis más vasta del laissez faire global.
Si el mercado mundial comienza a caerse en pedazos bajo presiones que ya no pueda contener, Europa será el más grande bloque económico del mundo. Su tamaño y su riqueza le permitirán presionar a favor de las reformas que limiten la movilidad del capital.
Si el euro sobrevive al torbellino de los años por venir, su posición de pivote fortalecerá la voz de Europa pidiendo la regulación del comercio especulativo en las divisas. Incluso en el caso de una depresión global, como aquella de los años treinta, los efectos sobre Europa podrían ser menos severos que en Estados Unidos o en los países de Asia.
El nuevo primer ministro griego, ha defendido en Bruselas que cuenta con el apoyo de todos los grupos políticos de su país para emprender los ajustes que le exigen la Unión Europeay el Fondo Monetario Internacional para desbloquear una ayuda urgente de 8.000 millones de euros, pese a que el compromiso por escrito que reclaman a los grupos de la oposición no ha llegado a la capital europea.
En una comparecencia ante la prensa acompañado por el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, Papadimos ha admitido que el compromiso escrito «es necesario para eliminar incertidumbres y ambigüedades en cuanto a las acciones que deberán tomar en el futuro los partidos que estén en el poder». «Es importante que acepten ese compromiso y entender que también los socios europeos y el FMI se han comprometido a financiar a Grecia sobre un largo periodo de tiempo», ha añadido.
Con todo, Papadimos ha querido dejar claro que «corresponde a los líderes de los partidos relevantes decidir el modo en que se hará este compromiso» y ha argumentado que el voto de confianza que su Gobierno de transición ha superado en el Parlamento griegoes prueba de que cuenta con el respaldo de todos los grupos. «No hay duda de que el nuevo Gobierno dará estos compromisos por escrito (…). Pero subrayo también la importancia de que los líderes de los partidos que apoyan el Gobierno han expresado su compromiso para cumplir los objetivos de este Gobierno», ha declarado.
Barroso, por su parte, se ha declarado «muy confiado» en que Atenas va a cumplir con los ajustes a los que se ha comprometido para superar la crisis y ha advertido de que es necesario «unidad» y poner en marcha las medidas lo antes posible, al tiempo que ha destacado que se trata de esfuerzos a largo plazo. «Esto no es un sprint, es un maratón» y hay que seguir avanzando en los esfuerzos para recuperar la confianza de los mercados, ha añadido.
El nuevo primer ministro griego se reúne también este lunes en Bruselas con el presidente del Consejo de la UE, Herman Van Rompuy, y este martes viajará a Luxemburgo para encontrarse con el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker.
Los inspectores de la UE y del Fondo Monetario Internacional (FMI) ya se han reunido este fin de semana con el Gobierno y representantes de los diferentes partidos políticos. Los países de la eurozona exigen a Grecia como condición previa antes de desbloquear los 8.000 millones -que corresponden al sexto tramo del primer rescate acordado en mayo de 2010- que el nuevo Gobierno tecnócrata de unidad nacional y los líderes de los partidos políticos firmen un compromiso por escrito de que aplicarán los ajustes exigidos a cambio de la ayuda.
Más medidas de ajuste
También quieren que Atenas emprenda las reformas comprometidas antes de que se pague la ayuda. Los nuevos requisitos se han impuesto debido a la «ruptura de confianza» que supuso la fallida convocatoria de un referéndum sobre el rescate por parte del exprimer ministro, George Papandreu. La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, llegaron a amenazar por primera vez a Grecia con la salida del euro.
El ministro de Finanzas, Evangelos Venizelos, ha presentado el borrador de presupuestos para 2012 y ha asegurado de que no serán necesarias más medidas de ajuste si se aplican las ya anunciadas por Papandreu. El parlamento tiene previsto votarlo el 7 de diciembre. Papadimos debe también negociar con los responsables europeos un segundo rescate para Grecia por valor de 130.000 millones de euros, que incluye la condonación del 50% de la deuda helena en manos de la banca.
Las crisis no son gratuitas. Eso lo saben bien los inversores que colocan sus fondos en los mercados financieros europeos. En particular en los que se negocian las acciones de las principales empresas de la región.
Los números son categóricos: en lo que va del año, la mayoría de los mercados muestran caídas de dimensiones pocas veces vistas.
Así, la bolsa de París acusa una pérdida acumulada superior al 22%, en tanto que para el Ibex de Madrid asciende a casi el 18 por ciento.
Pero no son los únicos ya que, aún en el mejor de los casos, los descensos tienen un piso del 10 por ciento.
En el más corto plazo, es decir en lo que va de noviembre, los números también son categóricos, pues en varias plazas el derrumbe alcanza a las tres cuartas partes de las pérdidas totales.
Lo peor es que la crisis no sólo se concentra en el mercado de acciones (renta variable), ya que en el caso de los bonos, las primas y las tasas de interés continúan por las nubes.
Así por ejemplo, las de los títulos españoles, tras el resultado electoral que le dio la victoria al Partido Popular, se elevó a los 464 puntos básicos, mientras que el riesgo país de Italia repuntó hasta los 480 p.b., arrojando una rentabilidad del 6,65%.
Con estos números sobre la mesa, cabe recordar que Greciasolicitó el rescate cuando su índice llegó a los 500 puntos, que Portugal lo hizo en los 517 y que Irlanda no resistió más al tocar los 544.
Los motivos que impulsan este escenario tan complicado pueden encontrarse en una crisis de deuda que ya no sólo afecta a los países periféricos, los denominados PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España), sino que ahora también se extiende, o por lo menos pone bajo sospecha, a otros como Italia e incluso Francia.
Luego de las infructuosas reuniones de la UE y el G-20, la postura asumida por la canciller alemana es cada vez más dura, por lo que viene cosechando enemistades a lo largo de todo el continente.
En momentos en los que países de la talla de España o Italia están en la mira de los mercados, los analistas coinciden en que estas naciones son demasiado grandes para caer y ello obliga a buscar fórmulas alternativas, a la vista de los fracasos cosechados con territorios mucho más pequeños.
Es por ello que se está dejando de hablar de rescatar a países. Y ya se menciona, cada vez con más insistencia, la necesidad de implementar el gran rescate de la Eurozona.
También queda claro que la única nación en condiciones de llevar adelante esta cruzada es Alemania.
Lo curioso y también preocupante, es que no está dispuesta a hacerlo bajo las condiciones que le exige el mercado.
En la práctica lo que se le solicita a Merkel es que apruebe la iniciativa para que el Banco Central Europeo (BCE) entre en escena comprando deuda en grandes cantidades, o que se invente cualquier mecanismo similar.
Todo ello, a cambio de una mayor disciplina en las cuentas, más integración e, incluso, la cesión de la “soberanía fiscal”.
En este contexto, la canciller alemana reiteró por enésima vez su convicción de que el BCE no puede solucionar la crisis de deuda. Y subrayó que su Gobierno no cederá en ese punto.
“Los que creen que el Banco Central Europeo puede resolver, como prestamista de última instancia, las debilidades de la zona del euro plantean algo que no puede funcionar”, dijo Merkel en un congreso.
Y agregó que “la crisis sólo puede solucionarse a través de un sólido liderazgo político”.
Pero el eje de su discurso fue que “aquellos que son partidarios de una ilimitada acción de bombero del BCE y no ven la importancia de cambios en los tratados, se equivocan. Mi posición en este punto es increíblemente sólida”.
Merkel también insistió en que los eurobonos tampoco son la solución, ya que “un Tesoro común en estos momentos desincentiva las políticas de austeridad”.
Su postura es rechazar que el eurobanco se convierta en el último garante de la deuda, e insiste en que son los Gobiernos nacionales quienes deben resolver la crisis aplicando planes de austeridad y reformas estructurales.
Ante semejante grado de inflexibilidad, el presidente del Eurogrupo arremetió contra la canciller: “Los eurobonos no son una idea absurda”, expresó Jean-Claude Juncker.
Desde la propia UE impulsan la emisión de eurobonos
La Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión Europea, cree que la manera más efectiva de enfrentar la crisis sería la emisión conjunta de eurobonos por parte de las 17 naciones que la componen.
Ello se desprende de un documento que transcendió el lunes y que podría intensificar las desavenencias con Alemania.
El borrador, que fue publicado por el Financial Times, expresa que el reemplazo de los bonos nacionales por uno emitido en conjunto tendría que ser compensado por una estrecha coordinación financiera y presupuestaria.
En dicho estudio, se plantea la creación de los “bonos de estabilidad” respaldados por los 17 países, que podrían satisfacer las necesidades de financiación de todos ellos y que permitirían crear un gran mercado que podría competir con los títulos del tesoro estadounidense como punto de referencia mundial.
Según se explica, “este enfoque aseguraría la refinanciación completa de todos los integrantes, sin tener en cuenta la situación de las finanzas públicas de cada país”.
Esta alternativa es una de las opciones que plantea dicho estudio, en el que también se reconoce que exigiría grandes cambios en los tratados de la Unión Europea.
La propuesta es resistida por Alemania, pues sólo aliviaría la presión en los países más “derrochadores” y permitiría que las economías más débiles se aprovechasen de la baja tasa de crédito alemana.
El expresidente del Gobierno José María Aznar ha llegado este lunes a la sede del partido en la madrileña calle Génova para participar en la reunión del Comité Ejecutivo convocada por el ganador de las elecciones,Mariano Rajoy, un día después del triunfo electoral y a la que, entre otros dirigentes del partido, asisten los “barones” territoriales.
Rajoy ha convocado el XVII Congreso Nacional del PP para el 17, 18 y 19 de febrero, unos días después de que el PSOE celebre el ordinario para renovar la dirección del partido vapuleado por las urnas. La cita se celebrará en Andalucía, un mes antes de las autonómicas, según ha avanzado la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, en la rueda de prensa posterior a la Ejecutiva del PP.
Además, el dirigente ha designado a la que ha sido portavoz parlamentaria Soraya Sáenz de Santamaría para coordinar el proceso del traspaso de poderes. Será ella la que mantenga la interlocución con Ramón Jáuregui para facilitar así el traspaso de poderes y el cambio de Gobierno, que tiene que ser “modélico”, ha reproducido Cospedal. Rajoy, asimismo, ha señalado que quiere tener su Gobierno hecho antes de Nochebuena.
Según ha desglosado la presidenta de Castilla-La Mancha, el PP se toma el testigo y la confianza depositada por los españoles en este partido para diversos objetivos: “Para poner orden, cumplir con las responsabilidades del Gobierno y los deberes como país, para realizar las reformas necsearias y para tener un Gobierno presidido por el rigor, la seriedad, el trabajo, la constancia y la perserverancia en la lucha contra el desempleo“.
Cospedal ha informado de que el jefe de filas populares quiere abrir de inmediato una ronda de contactos con todos los grupos parlamentarios, pero al ser preguntada por si esta ronda incluirá a Amaiur, la “número dos” del PP ha indicado que solo lo hará con aquellos grupos que tengan objetivos parlamentarios acordes con el marco constitucional.
Antes que Rajoy en la reunión del Comité, ha tomado la palabra la vicesecretaria de Organización y directora de la campaña, Ana Mato, para leer un informe sobre los resultados de las elecciones de ayer, en las que el PP consiguió el mejor resultado de su historia al sumar 186 escaños.
Todo al Twitter
Aznar llegó a la sede del partido, lo que ha provocado un gran revuelo entre los medios de comunicación, más numerosos que nunca en la calle Génova. El expresidente no ha querido realizar declaraciones y se ha limitado a constatar que el resultado obtenido por el PP en las generales ha sido “histórico“.
El expresidente ha vuelto a la sede nacional un día después de que acompañara a Rajoy en la noche electoral. Aunque el exjefe del Ejecutivo y presidente de honor del PP forma parte del Comité Ejecutivo, es la primera vez que se recuerda que participe en una reunión de este órgano desde que dejara el Gobierno en 2004.
Antes de Aznar, han llegado a Génova los presidentes de Extremadura, José Antonio Monago; Aragón, Luisa Fernanda Rudi; y la Comunidad Valenciana, Alberto Fabra. También han entrado los presidentes del PP en Cataluña, Alicia Sánchez Camacho, Canarias, José Manuel Soria, y Andalucía, Javier Arenas. Minutos después del expresidente Aznar llegó la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre.
A través del usuario de Twitter, el barón extremeño, Monago, ha ido contando lo que sucedía en el interior de la Ejecutiva: “Los españoles han votado por la austeridad, la estabilidad y las reformas“, les ha dicho el líder del PP, además de enfatizar en el aspecto económico: “El euro no es la moneda de otros, es nuestra moneda“.
Según ha relatado el dirigente autonómico, el gallego ha comenzado su intervención con una frase lapidaria: “Nosotros vamos a decir siempre la verdad, éste es el primer punto” de la política que aplicará el PP.
La tasa de interés que Italia y Españahan debido pagar para colocar sus títulos de deuda pública ha colocado a ambos países al borde del rescate por parte de la Eurozona, al tiempo que la desconfianza de los mercados ha llegado ya a Francia, Bélgica y Austria.
Se trata del corazón de la Eurozona.
La crisis de la deuda soberana europea ya no es, claramente, un problema de la periferia del Viejo Continente.
En realidad, no lo ha sido nunca desde su inicio en Grecia, pero ahora ya resulta innegable que Francia y Alemania están en la antesala de ingresar en el club de los leprosos.
Bien mirado, la fuga de capitales sufrida por Austria, constituye una seria preocupación para Alemania de cuya economía la austríaca es un apéndice.
Si algún país destacaba como refugio en Europa, además de Suiza, ese era Alemania, con una consideración de sus bonos soberanos como altamente protegidos.
Aunque lo mismo pueda decirse de Francia, la segunda economía europea después de Alemania, y de Bélgica, nación industrial y cuya capital es también la de la Unión Europea (UE), esta semana el aumento del riesgo-país de ambos países parece advertir sobre la inminencia de una crisis mayúscula en toda la región.
La sistemática caída de las Bolsas a lo largo de la semana que acaba de culminar, así como las dificultades cada vez mayores de Italia y España para colocar sus emisiones de deuda, sumado todo esto a la desconfianza rotunda, interna y externa, que despiertan los gobiernos técnicos de Grecia e Italia, trazan un derrotero difícilmente reversible en Europa.
En menos de una semana, el nuevo premier heleno, Lukas Papademos, ex vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), ya ha debido enfrentar una resistencia indoblegable de la derechista Nueva Democracia, el partido que falsificó las cuentas griegas ante la UE cuando gobernaba Grecia a comienzos de esta década. No sólo eso.
El rechazo de la calle a las políticas de austeridad de la coalición de socialistas, Nueva Democracia y el partido de extrema derecha Laos, parece augurar cortísima vida al gobierno técnico griego.
Las noticias procedentes de Atenas hablan de que Nueva Democracia propiciaría una caída del actual gobierno que integra para abrir paso a elecciones generales y a una salida de Grecia del euro, sin que ello signifique un afloje en el grado del ajuste económico.
En Italia, el nuevo primer ministro Mario Monti se ha declarado partidario de un ajuste a fondo y en contra de cualquier pedido de ayuda mayor al BCE, a través queéste adquiera los títulos públicos italianos que están en las carteras de la banca de ese país, por lo que ha pedido agotar la actual Legislatura para dar una salida a la crisis.
Se trata de un planteamiento que gira en el vacío ya que el carácter técnico de su gobierno priva a Monti de un apoyo importante de los partidos (Berlusconi, Liga Norte, centro-izquierda), aunque estos declamen que sostendrán al nuevo jefe del gobierno italiano.
La llegada de la crisis también a la periferia de la UE, es el caso de Hungría cuya moneda, el florín, se desploma, la morosidad bancaria crece, el ajuste se pone a la orden del día y se reanudan conversaciones con el FMI, muestra a las claras que en dos semanas se ha acelerado notablemente la desestabilización europea.
No hay que olvidar que España, junto con Italia, son los mayores deudores de los bancos franceses y alemanes y que, para colocar bonos de su deuda en el mercado, pagaron el jueves el 7%, el nivel de tasa al cual Portugal, Irlanda y Grecia debieron ser rescatado por el Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF).
Este fondo, cuyo monto de 440.000 millones de dólares, no ha podido ser ampliado pues Alemania se niega a hacer aportes y, debido a esto, China y países emergentes como Brasil tampoco ha querido contribuir, no está en condiciones de acudir al rescate de los dos colosos meridionales.
Un estallido social en Grecia, una posibilidad que crece por día, según las informaciones que llegan desde ese país; un rápido fracaso de Monti en Italia y/o un decepcionante programa de gobierno de Rajoy en España, son elementos que solos o combinados podrían dar la puntilla a la Eurozona.
Y no se trata solamente de la desaparición del euro y la apertura de una fase de quiebras bancarias en todos los países de la zona. En el fondo, si no se alcanza una solución rápida a este descalabro en desarrollo, lo que está en cuestión es la existencia misma de la Unión Europea.
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