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¿Le espera al euro un futuro más optimista?

Según algunos economistas, una moneda única no le permite a la Unión Europea aislarse de los mercados mundiales; pero sí crear un poder económico capaz de negociar en términos de igualdad con los Estados Unidos. Si todos los actuales miembros de la UE se integran de manera definitiva al proyecto (ahora mismo sólo hay doce de quince), la zona del euro o “Eurolandia” será la más vasta economía del mundo.

El euro tendrá entonces la capacidad de disputar al dólar estadounidense el sitio de la divisa dominante. Si el euro se establece en el futuro como una moneda confiable, un colapso del dólar (por otra parte no deseable) se vuelve más que una probabilidad. Si sigue adelante, el euro traerá el tiempo en el que Estados Unidos ya no será capaz de prosperar como el deudor más grande del mundo. Con el tiempo, quizá bastante rápido, seguirá de modo inexorable un cambio en el equilibrio del poder económico mundial.

Es cierto, no obstante, que aún no están puestas las condiciones internas para el éxito de la nueva divisa. Bajo un régimen de tasa de interés única, algunos países y regiones languidecerán mientras otros prosperan. En la Unión Europea no existen las condiciones que han permitido a los Estados Unidos adaptarse a estas divergencias. En el presente, Europa carece de una movilidad laboral extendida en el continente y no tiene mecanismos fiscales para evitar los grandes charcos de desempleo que empapan las regiones deprimidas de Europa.

Con el euro en operación, empero, las instituciones europeas estarán obligadas a remediar estas fallas. Se verán forzadas a desarrollar políticas que le permitan a la economía responder, de un modo más flexible, a los imperativos y constreñimientos de un régimen de moneda única.

Debe tenerse en cuenta que la moneda única no puede aislar a Europa de las presiones competitivas -cada vez más intensas- que surgen de procesos globalizadores que vienen de siglos. Probablemente, mucho tiempo después de que el laissez faire global haya pasado a la historia, Europa todavía necesitará encontrar su sitio en un mundo alterado, de modo irreversible, por la industrialización.

La moneda única tampoco puede proteger a Europa de las consecuencias del colapso económico en los países vecinos. Si Rusia se hunde en el caos después del colapso del rublo, puede que no sea inmanejable el impacto económico directo sobre los países de la Unión Europea. El impacto político y social sería considerable. ¿

La moneda única será de poca ayuda para Europa al ocuparse de semejantes problemas. Pero le da una poderosa ventaja a la Unión Europea para responder a la crisis más vasta del laissez faire global.

Si el mercado mundial comienza a caerse en pedazos bajo presiones que ya no pueda contener, Europa será el más grande bloque económico del mundo. Su tamaño y su riqueza le permitirán presionar a favor de las reformas que limiten la movilidad del capital.

Si el euro sobrevive al torbellino de los años por venir, su posición de pivote fortalecerá la voz de Europa pidiendo la regulación del comercio especulativo en las divisas. Incluso en el caso de una depresión global, como aquella de los años treinta, los efectos sobre Europa podrían ser menos severos que en Estados Unidos o en los países de Asia.

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